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Diseño que cuida. Esperar y 32 cosas más.

Los hospitales ya no son lo que eran. La profesionalidad, limpieza, seguridad y precisión se les presupone, como el valor al soldado.

Algunos hospitales, y los profesionales que los gestionan, quieren que el paciente esté en el centro de las decisiones, que tenga voz y voto en la concepción de los espacios y en las relaciones médico-paciente.

David González es jefe de enfermería del hospital oncológico de Donostia, conocido como ONKOLOGIKOA, que recientemente se ha incorporado a la red sanitaria pública vasca. Onkologikoa es un centro nuevo de aspecto excelente, pulcro, contemporáneo y bien cuidado. Parece un club privado dentro de los hospitales.

David cree firmemente en que todo esto se puede mejorar; cree que es hora de que el paciente forme parte de las decisiones de cómo debe ser su hospital. Para llevar adelante esta iniciativa, contactó con el Centro Superior de Diseño KUNSTHAL y propuso componer un equipo de profesionales y estudiantes de diseño para desarrollar un proyecto para las nuevas zonas de espera de Onkologikoa. En este equipo toma parte además personal sanitario -médicos, enfermeros, auxiliares- pacientes y familiares; es decir, todos los usuarios de estos espacios.

De las numerosas reuniones y de un taller de inmersión que se llevó a cabo sobre el tema, surgieron 33 actividades que se consideraban necesarias en estos espacios; esperar y 32 actividades más, que iban desde las más concretas como tejer y trabajar, hasta descansar, evitar cruces de miradas y poder ver pasar el tiempo.

Todas ellas se han tenido en cuenta en el diseño de la nueva sala de espera, que cuenta con espacio de biblioteca, rincón de chimenea, taller, un vagón del silencio y zona para tejer y charlas, y un bosque de ginkgos bilobaen el patio central que tamiza la luz, las vistas, nos acompaña y nos permite contemplar el paso del tiempo.

La nueva sala de espera de Onkologikoa es una propuesta de diseño que no cuenta con referencias claras; más bien va a convertirse en modelo para futuras actuaciones que tomen al paciente como verdadero protagonista de su tratamiento.

En palabras de sus autoras, es un lugar amable y entretenido, un lugar que acompaña y donde poder mirar el bosque y el paso del tiempo. Un lugar de lugares.

Se trata de un gran ejemplo de cómo el buen diseño interviene y mejora la vida de las personas.